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Es importante mencionar que a mis 24 años nunca había trabajado en una oficina. Mis experiencias laborales más bien han sido de freelance y en call centers, en donde no duraba más de cierto tiempo porque era estudiante. Así que ustedes entenderán cuando les digo que el sexismo en el área laboral era algo que desconocía.

-También: Luchonas y Cabronas, el papel de las mujeres en Hollywood-

anigif_enhanced-buzz-16180-1410397727-18_previewSiempre he estado involucrada con el tema, probablemente no de una forma  institucional, pero dentro de mi cabeza siempre ha funcionado como sentido común. Obviamente me parece inaceptable y repulsivo caminar por la calle sin sentirme libre de miradas y palabras de hombres abusivos. Reconocerme tan vulnerable y reducida, tan falta de respeto y protección, incluso en el suelo en el que nací y en el que trabajo.

PARECE NORMAL E INCLUSO COSTUMBRE DENIGRAR A LAS MUJERES.

Aun así esa sensación, para mí, estaba limitada a las calles, en donde “podía toparme con cualquier clase de persona”.  Claro que había escuchado en los medios a mujeres inconformes alzar sus voces cansadas denunciando casos de injusticia, incluso conflictos entre los rangos más altos por tratos obscenos, pero en ese momento se escuchaba como algo lejano que no tenía relación alguna conmigo.

tumblr_n3b9h0koD01qzqoygo1_500Ahora que llevo algunas semanas trabajando en una oficina puedo decir que nunca lo he sentido más personal y más preocupante, definitivamente algo en lo que necesito involucrarme para crear consciencia, porque lo más triste de todo es que las personas no se dan cuenta de que están siendo ofensivas. Digo que es lo más triste porque esto quiere decir que en nuestra sociedad se considera normal e incluso costumbre denigrar a las mujeres.

No es atractivo, no es un piropo, es una ofensa

La lista de ofensas va desde no referirse a mí con igualdad, por mitumblr_nqd0m2KJhR1uuoxmio1_500 nombre o por el título con el que me gradué, como entre ellos se dirigen, sino limitarme a un “mija”;  hasta el hecho de que mis compañeros de fábrica me deseen unas ¡buenísimas! tardes con tono sarcástico. Tomen nota: no es atractivo, no es un piropo, es una ofensa el solo pensar que ante sus ojos no soy merecedora de un “buenas tardes” respetuoso y sincero, que se me reduce a tal punto que simplemente soy un objeto sobre el cual pueden descargar todos sus deseos sin respetar mi integridad porque probablemente no se crea que tengo una.

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Me parece momento de dejar de justificarnos entre nosotros, de dejar la frase “no lo tomes personal” o “lo piensas demasiado”, pues para eso tenemos intelecto; usémoslo para mejorar como seres humanos. No nos conformemos ni nos acostumbremos, tampoco confundamos esta causa como exclusivamente femenina. Es responsabilidad de todos identificar y desechar las etiquetas que hemos adjudicado a los géneros  y  no nos permiten evolucionar como individuos.

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Estoy segura de que el mío no es el único caso, al contrario, puedo asegurar que le sucede a todas y cada una de las mujeres trabajando, andando en las calles e incluso en la comodidad de sus hogares en este país. Por eso los invito a luchar, los invito a dejar esa necesidad de ser “educados”, “agradables” y defender nuestras convicciones.

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Por ultimo quiero agradecer a mi madre, la mujer más fuerte que conozco. Que me ha enseñado a pensar, que me inculcó el hábito de la lectura y a no quedarme conforme con la información que se me da, a usar mi cerebro como mi mejor atributo y no mi aspecto. Gracias mamá por enseñarme lo que ser mujer realmente significa.

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